Estaba yo el otro día en la oficina de mi jefe mamón, cuando de repente llega su bodoque, un mocoso como de 10 años, portando una playera chiva pambolera. El jefe salió a una reunión tambaleándose con toda su generosa humanidad y me quedé solo con su hijo, que para su edad, tiene un cuerpecito de tonel.
- ¿Así que te gusta el fucho?
- Sí, me encanta
- ¿Y le vas a las chivas?
- Como que es muy obvio, ¿no?
- Psss sí... oye, ¿ya has visto a unos monitos excelentes jugando fucho en las azoteas?
- Si, eso se llama Roofball
- Lo sé, pues, pero ¿qué opinas que esos cuates jueguen en la selección?
- No, pues no podrían...
- ?¡?¡
- Pos no, porque el roofball es diferente al fucho...
- Bueno, sí es distinto, pero son buenos jugadores, ¿no crees? Con ese talento, quizá la selección de México pueda ocupar un mejor sitio en el Mundial de Sudáfrica...
- Si, pero no creo, porque las reglas del roofball son diferentes a las del soccer...
- Claro, pero que tal si jugaran con las reglas del soccer, así todo tranquis...
- No, la verdad no, ellos no pueden jugar futbol...
A estas alturas el mocoso ya me estaba desquisiando, era necio el cabrón y más me exasperaba porque no podía dejar de hablar mientras miraba su nuevo Blackberry que su gordo padre le había comprado...
- Bueno amiguito, yo pienso que serían muy buenos en la selección si siguieran las reglas del soccer...
- Tal vez, pero yo no lo creo, porque el roofbal es violento y...
- Oye, ¿entonces el fucho es para niñitas? ¿No has visto los madrazos que se acomodan los jugadores?
- Si, pero el roofbal es más peligroso...
- (Claro idiota, si se caen de cabeza de la azotea) Si, es peligroso, pero el fucho no es un juego de damas.
Afortunadamente llegó mi jefe, volvió moviendo su gran trasero y sudando por el esfuerzo de caminar los cuatro cubículos que hay hasta la sala de juntas. Le entregué mi reporte, me despedí de su terco bodoque y me marché.
Esos hijos de los jefes, son más mamones que sus papás.
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