domingo, 10 de enero de 2010

Es Domingo

Que hueva me dan los domingos.

Son el ocaso del fin de semana y la antesala para volver al trabajo. La verdad, qué hueva.

Simplemente, imaginar llegar a la oficina a las nueve, checar, saludar a los compañeros (as) pazgüatos, al gerente enano, a los supervisores, a mi jefe, al policía... no mamar, que hueva, me cae.

Odio los domingos. Prefiero aplastarme en la cama y ver películas del cable, porque la TV abierta pasa comerciales cada 3 minutos y solo daña mi salud mental. De por sí, estoy bien orate, así que para qué más...

Pero ni modo. Los domingos son los días obligados de visita familiar: ir con los padres de mi esposa, luego ir con mis padres. En la nochecita, esperar en casa a mi cuñado, a su señora y su chamaco. Se me va el día en la calle, y con estos pinches fríos, es mejor quedarse en casa.

El domingo apesta.

Lo único que me reconforta es que ya no me llevan a misa a oir chorradas.

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